Más evidencias del Universo Eléctrico

[Traducido y adaptado por universoelectrico.info, del artículo original “The real impact of Victoria Crater“]

“No me gusta la ‘geología terrorista de impactos’, lo cual no quiere decir que no haya habido nunca impactos”
–V. Axel Firsoff

Repetidas veces a lo largo de esta web, hemos comentado que podemos encontrar pruebas y señales que lo avalan, en casi cualquier parte del Sistema Solar. Pero hay lugares especialmente interesantes, donde esas pruebas persisten sin apenas alteración durante cientos de miles de años. Y es así gracias a que ningún tipo de elemento atmosférico las ha erosionado ni ocultado. Uno de estos lugares extraordinarios es Marte.

Volvemos a hablar de los cráteres. Todos hemos visto en fotografías cráteres, sobre todo en la Luna.

Lado oculto de la Luna, fotografiado por el Apollo 16

Lado oculto de la Luna, fotografiado por el Apollo 16

Pues bien, antes de proseguir quiero volver a recordar que en el modelo de Universo Eléctrico los cráteres son fundamentalmente de origen eléctrico, no formados por impacto de meteoritos o cometas. Y el argumento en el que se apoya es fuerte:

  • Todos los cráteres que se conocen (miles) son redondos. Si su origen fuese el impacto de meteoritos, eso significaría que el 100% de ellos han incidido en la superficie perpendicularmente a ella. Probabilísticamente, eso es imposible, porque los cuerpos exteriores pueden incidir desde cualquier dirección e inclinación.
  • La física del plasma, sus fenómenos y comportamiento eléctrico ha demostrado que sus efectos son escalables. Es decir, el mismo fenómeno se podrá observar desde una escala de centímetros en el laboratorio a escalas macrocósmicas de millones de kilómetros en el espacio exterior.
  • En el laboratorio se han reproducido descargas eléctricas en cuerpos esféricos y el resultado ha sido, a escala, la formación de cráteres. Y estos siempre son redondos, debido a que las descargas eléctricas siempre inciden perpendicularmente a la superficie.

Una vez recordado esto, entremos en materia.

Una de las claves utilizadas para mantener que los cráteres en el Sistema Solar han sido originados por impactos es que parecen muy similares a los cráteres de explosiones que vemos en la Tierra. Sin embargo, las apariencias engañan. Existen muchos puntos sin resolver en el modelo de ‘craterización’ por impactos, que llevaron al astrónomo irlandés Firsoff a expresar su disgusto con la teoría. Sin embargo, nadie planteó una teoría mejor, la ‘craterización’ eléctrica, debido a que el actual dogma en astrofísica mantiene que “sí, hay electricidad en el espacio, pero no tiene ningún efecto”.

Joseph Priestley, en 1766, fue el primero que observó la ‘craterización’ de cátodo y comparó los cráteres originados con los observados en la Luna. Observó sus patrones circulares y anulares. Robert Dietz, en 1963, sugirió que el impacto de explosión de un rayo puede producir ciertos minerales (hoy en día llamados ‘fulguritas’) de manera similar a lo que ocurre cuando impacta un meteorito. Sin embargo, era una pérdida de tiempo contradecir lo establecido y contemplar cómo caen los rayos. El inglés Brian Ford propuso a la British Interplanetary Society, en 1965, que las descargas de plasma en la historia remota de la Luna fueron las causantes de sus numerosos cráteres. Sugirió que la Luna pudo haber estado, en épocas remotas, más acoplada eléctricamente a la magnetosfera de la Tierra. Al igual que Priestley, usó un aparato generador de descargas y pudo demostrar semejanzas entre los cráteres de laboratorio y los lunares. Reprodujo la circularidad de los cráteres, algunos incluso con picos centrales, y también la tendencia de los pequeños cráteres en superponerse sobre el borde de los grandes, aunque no a la inversa.

Mientras tanto nadie ha hallado la fuente de los objetos causantes de los impactos, que supuestamente han esculpido la superficie de los cuerpos sólidos del Sistema Solar hace miles de millones de años. Nunca nadie ha sido testigo de tales impactos (el cometa fragmentado “Shoemaker-Levy 9” no chocó en superficie sólida). Y tampoco nadie ha presentado pruebas experimentales convincentes que avalen la teoría de los impactos.

Debilidad en la interpretación de que los cráteres se deben a impactos

La siguiente imagen muestra el Cráter Victoria, en el Meridiani Planum de Marte. Fue tomada por la cámara Resolution Imaging Science Experiment (HiRISE), ubicada en la sonda Mars Reconnaissance Orbiter.

Cráter Victoria - Marte

Cráter Victoria y detalles. Crédito: NASA / JPL / HiRISE Team

El cráter tiene un diámetro de aproximadamente 800 metros. Tiene un borde dentado, muy peculiar, causado por la erosión y la caída paulatina de material de la pared del cráter. Las rocas sedimentarias están expuestas a lo largo de la pared interior del cráter, y las piedras que han ido cayendo de la pared del cráter son visibles en el fondo. Como se aprecia, hay una curiosa formación de dunas de arena en el centro del fondo del cráter.

Desde 2004, el vehículo Mars Exploration Rover Opportunity ha estado operativo en el Meridiani Planum de Marte. Cinco días antes de que la anterior imagen fuera tomada, la Opportunity llegaba al borde del Cráter Victoria, tras un recorrido de más de 9 kilómetros. De hecho, el rover puede verse en la imagen, si se amplía, más o menos en la posición de “las 10” a lo largo del borde del cráter.

La siguiente imagen (mejorada y con falso color) fue tomada por la Opportunity utilizando su cámara panorámica. El promontorio visible se llama Cape Verde, está a unos 50 metros de distancia y tiene una altura de unos 6 metros.

Cape Verde - Crater Victoria

Promontorio Cape Verde, parte del Cráter Victoria. Crédito: NASA / JPL / Cornell

Las imágenes del Cráter Victoria dejan a la vista la debilidad de la “explicación” oficial de que “Tiene un borde dentado, muy peculiar, causado por la erosión y la caída paulatina de material de la pared del cráter”. El cráter realmente parece bastante reciente, poco deshecho y casi con ningún signo de acumulación de escombros, que se esperaría en la base de las grandes zonas dentadas del borde. Primero, prácticamente no hay aire en Marte para desplazar los granos de arena. Y segundo, hay un patrón radial en el suelo del cráter, que es inexplicable mediante dispersión de arena o polvo por viento.

Por otra parte, ¿qué hace ahí esa “curiosa formación de dunas de arena en el centro del fondo del cráter”? No se parece a ninguno de los campos de dunas de la Tierra. Las dunas tienen diferentes pendiente a lo largo de sus crestas. Y para que se formen “estructuras de dunas” se requieren episodios de viento soplando de forma regular desde diferentes direcciones. En lugar de eso, estas parecen depresiones cóncavas poco profundas que se acoplan o solapan unas con otras.

Victoria, el cráter eléctrico.

La Geología siempre fue considerada como una ciencia menor, siendo principalmente descriptiva. No fue considerada una ciencia mayor hasta que los geólogos fueron provistos de la datación radioactiva por parte de los físicos y hasta que los astrónomos desarrollaron la Cosmogonía (historia de la formación del Sistema Solar). Sin embargo, si el resto de sus colegas le han tomado el pelo a los geólogos, entonces la Geología no es más que una historia de ficción como aquéllas de “Érase una vez, hace mucho, mucho tiempo…”. Y las historias contadas por nuestros padres tienden a quedarse con nosotros de por vida. Marte tiene ahora una historia como estas, completa con su propias eras geológicas, desde la más antigua hasta la más reciente: la Noéica, la Hespérica y la Amazónica.

La técnica clásica para establecer la historia geológica de un planeta rocoso es contar los cráteres. En general, las regiones que han estado expuestas al espacio durante más tiempo han sufrido más impactos y, por tanto, tienen más cráteres. Contando cráteres, los científicos han dividido la historia de Marte en tres eras:

  • Noéica (cálida y húmeda). Entre 3.800 y 3.500 millones de años.
  • Hespérica (volcánica). Entre 3.500 y 1.800 millones de años.
  • Amazónica (fría y seca). Entre 1.800 millones de años y la actualidad.

Siguiendo la tradición terrestre, cada era ha sido bautizada de acuerdo al lugar en el que se descubrió por primera vez el tipo característico de terreno.

La era Amazónica ha sido testigo de la formación del enorme volcán del Monte Olympus, los flujos de lava de Marte, la formación de los derrumbamientos en Valles Marineris (similares a los de Ganges Chasma, un profundo cañón al este de Valles Marineris -ver imagen siguiente) y la formación de amplias llanuras y dunas de arena cerca de los polos de Marte.

Derrumbamientos Ganges Chasma

Derrumbamientos en Ganges Chasma. Crédito: NASA/JPL

El factor crucial que se le escapa tanto a la datación radioactiva como a la cosmogonía es la naturaleza eléctrica del universo tal como lo describe la nueva ciencia de la cosmología del plasma. Las estrellas son un fenómeno eléctrico y sus planetas forman parte del circuito eléctrico estelar. La manifestación más habitual en la Tierra de esta conexión son los rayos. Pero el origen de los rayos realmente sigue siendo un misterio, debido al punto ciego colectivo sobre la electricidad cósmica. Si las estrellas son un fenómeno eléctrico, entonces la historia de la vida que conocemos del Sol es una ficción. Si los planetas han sufrido potentes descargas eléctricas en el pasado, entonces no son sistemas energéticos cerrados y la datación radioactiva por lo tanto apenas tiene valor. Mejor que inventarse historias sobre el inimaginable pasado remoto, deberíamos reconstruir nuestro pasado reciente tan eficientemente como podamos para intentar ver todo aquello que nos hemos perdido.

Reciente estudios en la ciencia del plasma proporcionan una gran evidencia de que la Tierra sufrió en nuestra prehistoria reciente descargas eléctricas de tipo auroral de una intensidad de sub-gigaamperios. Tales descargas, donde alcanzan a la superficie, son capaces de provocar grandes “cicatrices” a gran escala. Esto demuestra claramente que la astrofísica actual es un cuento, obligándonos a construir otra interpretación: un sistema solar con un aspecto eléctrico. El sistema solar no es una simple maquinaria Newtoniana de relojería. Los retro-cálculos e historias basadas en esta creencia son una ficción. Contar cráteres, que pueden cubrir un hemisferio planetario en un momento, no tiene ningún valor.

El Cráter Victoria es pequeño pero demuestra el valor de simples experimentos de laboratorio utilizando descargas eléctricas sobre superficies sólidas. Existen dos tipos de rayos. El más habitual es desde una nube cargada negativamente hacia el suelo, donde la Tierra es el electrodo positivo, o ánodo. Menos común es el potente rayo desde una nube cargada positivamente hacia el suelo negativo, o cátodo. La marca o cicatriz dejada en el suelo es diferente en cada caso.

Un golpe de arco eléctrico hacia un ánodo tiende a “clavarse” en un lugar, dejando materiales fundidos y a menudo elevando una promontorio, a modo de ampolla circular denominada “fulgamita”. Una fulgamita, o ampolla de rayo, se desarrolla cuando una descarga eléctrica transporta material desde el área circundante y la reúne en el centro de un vórtice eléctrico giratorio, dejando detrás un montículo. Esta formación, aunque obviamente a otra escala, se ha podido encontrar también en la funda metálica de los aisladores que se utilizan para proteger de los rayos algunas instalaciones. A menudo se forman a partir de una depresión circular, superponiendo sucesivos anillos.

Todo esto tendría que sonar familiar a cualquier observador perspicaz de Marte. El Monte Olympus posee todas esas extrañas características, que desde luego no se adaptan al modelo de volcán. Los “volcanes” gigantes de Marte son de hecho enormes fulgamitas.

Monte Olympus - Marte

Monte Olympus, Marte. 25 km de altura. Es razonable pensar que no se trató de un enorme volcán, sino que se formó por una gran descarga eléctrica

El cráter Victoria parece ser una “cicatriz” de ánodo de corta duración, o cráter “de descarga”, donde se produce de forma significativa material fundido. En experimentos de laboratorio se ha encontrado que la cicatriz de descarga de ánodo sobre una superficie “contaminada” desarrolla muchos “puntos” de arco en el centro de una marca o cicatriz circular. En un breve lapso de tiempo, los puntos de arco centrales se desplazan hacia afuera radialmente para formar un anillo. Los puntos de agrandan y se juntan en un anillo exterior. Durante un tiempo, la corriente del arco eléctrico al completo circula a través del anillo. Si eso continuara, se producirían materiales fundidos, destruyendo la fina estructura dentada de la pared del cráter. En experimentos se pueden producir cien o más puntos.

Diagrama del Cráter Victoria

Diagrama que explica la formación de la pared del cráter, a partir de la expansión de los puntos de impacto eléctrico en el centro

Se podría deducir que las “dunas de arena” son el resultado de los puntos de arco centrales, formando depresiones que se solapan unas con otras (ver imagen anterior). Ciertamente, las crestas ortogonales tienen más en común con un patrón de descarga de corona que con dunas de arena. Debería haber por lo tanto arena cristalizada, conocida como “fulgurita”. Vale la pena mencionar que los astronautas del Apollo encontraron trozos de suelo cristalizado cerca del centro de pequeños cráteres (entre 30 cm y 1,5 metros) en la superficie de la Luna. Se armó un gran revuelo ya que el hallazgo del cristal fue una sorpresa.

El efecto de estallido de una descarga eléctrica cósmica junto con el descarnamiento eléctrico del material ionizado de la superficie, produjeron el cráter limpio y los alrededores. El súbito movimiento hacia afuera de los puntos de impacto de arco pudieron haber formado el patrón radial del suelo del cráter.

La pared dentada del cráter  es la firma de erosión de una anillo irregular de puntos de impacto de ánodo agrandados.